Libro TRES ENSAYOS SOBRE
LA TEORÍA SEXUAL
de Sigmund Freud

Por Dr. Fernando Estévez Griego Ph. D.


Las necesidades sexuales del ser humano, así como las del animal, suponen la biología de un instinto sexual, de la misma forma que para explicar el hambre, se hace evidente que debe existir un instinto de nutrición. Por carecer antiguamente el lenguaje de un vocablo para nombrar el hambre sexual, Freud en tal sentido utiliza el término libido. Así, técnicamente, en su análisis sobre la teoría sexual establece que la persona de la cual parte la atracción sexual se la denomina objeto sexual, y el acto hacia el cual impulsa el instinto lo apoda fin sexual.
Freud advierte que tanto en el objeto como en el fin existen múltiples desviaciones.
La inversión, conducta de los invertidos u homosexuales.
a) Invertidos absolutos: aquellos para los que necesariamente el objeto sexual tiene que ser del mismo sexo, los cuales sienten repulsión o indiferencia total ante individuos del otro sexo.
b) Invertidos anfígenos: que pueden clasificarse como hermafroditas psicosexuales, aquellos cuyo objeto sexual puede ser indiferentemente de uno u otro sexo.
c) Invertidos ocasionales: aquellos que por determinadas circunstancias exteriores o en ausencia de individuos de otro sexo pueden adoptar ocasionalmente como objeto sexual a una persona del mismo sexo.
Ante estas actitudes sexuales, existen psicológicamente dos posiciones: una, la que el individuo homosexual encuentra su inversión tan natural como el ser humano heterosexual encuentra sus relaciones. Mientras que otros no aceptan sus tendencias y la consideran una obsesión morbosa. Luego de estudiar y explicar diferentes tipos de sexualidad que aparecen como evidentes, Freud introduce el estudio de la sustitución inapropiada del objeto sexual por medio del fetichismo.
El sustitutivo del objeto sexual puede ser el cabello o los pies así como una prenda íntima u otro objeto asociado a éste, este fetiche es comparado con el fetiche que el salvaje encarna a su Dios. Dentro del estudio de las perversiones, en las cuales el fin sexual puede vencer las resistencias lógicas de cada ser humano, Freud estudia como patológica la coprofagía, o sea la realización del coito con cadáveres. El psicoanálisis en su estudio del instinto sexual en los neuróticos o psiconeuróticos, que serían aquellos que presentan histeria, neurosis obsesiva, neurastenia, demencia precoz y la paranoia, se debería guiar para Freud por el método catártico que utilizó en 1893 con J. Breuer.
Así, por ejemplo, entre los resultados presentados en este libro, se encuentran los logros donde el psicoanálisis permite eliminar los síntomas de la histeria que se producen por la represión sexual exagerada y las resistencias amplificadas contra el instinto sexual, que nos es conocido como pudor o moral.
Neurosis y Perversión: La neurosis es el negativo de la perversión. En un análisis de la histeria masculina se apunta como regla que existe una tendencia inconsciente a la inversión, así como otros elementos propios de otros tipos de psiconeurosis, hasta desembocar en el estudio de los instintos parciales y zonas erógenas.
En esta caso Freud establece una división técnica entre instinto y estímulo, al punto de afirmar que por instinto comprendemos la representación psíquica de una fuente de excitación, la cual sería intrasomática, mientras que el estímulo sería de orden somático y perteneciente al mundo exterior. Así, el instinto se convierte en un concepto límite entre la psiquis y el soma. Y lo que los hace diferentes unos de otros son fuentes somáticas y sus fines. Estas palabras de Freud me han llevado a investigar durante años las fuentes en relación a la profundización en el campo de la Psicología Somática.
Freud establece claramente que la fuente del instinto es un proceso excitante en un órgano y su fin más próximo está en hacer cesar la excitación de dicho órgano. Esto establece que existen de hecho energías concentradas debido a la actividad o inactividad de cada órgano que podríamos catalogar de centros de concentración energética corporal. Así, siguiendo la teoría freudiana, tendríamos dos tipos de excitaciones: las propiamente sexuales y las parciales emanadas de éstas.
Otra parte del libro se dirige a la sexualidad infantil. Partiendo de la base de que la sexualidad comienza a partir de poco tiempo después del nacimiento de cada ser humano, Freud hace un análisis que sigue su camino partiendo de la amnesia infantil, o el fenómeno por el cual todo ser humano, salvo excepciones, recuerda su vida sexual a partir del séptimo u octavo año de vida. Para Freud, quien descubra la verdadera causa de la amnesia infantil podrá solucionar los casos de amnesia histérica que tiene como origen la represión.
Los instintos sexuales infantiles serían desviados de sus fines recibiendo el nombre término en este proceso de sublimación. En lo particular pienso que, como sugiere Freud, los impulsos sexuales infantiles no pueden llegar a sus fines, pues no están aún claramente delimitados y la relación psicosomática no está armonizada, al no estar madura la faz reproductora o los órganos sexuales del niño. Motivo éste que, en opinión de Freud, dejaría dichas energías como inaprovechables. Freud plantea que existe una suerte de diques culturales, a los que habría que sumarle la falta de experiencia en la infancia donde el Yo no puede comparar y valorar todos los estímulos del exterior.
Otro dato importante que traen estos ensayos es el instinto de saber durante la niñez cuando entre los tres a cinco años se genera un deseo de aprender. La metamorfosis de la pubertad es un capítulo de suma importancia, pues el instinto sexual, hasta entonces autoerótico, comienza a encontrar su objeto sexual gracias al pleno desarrollo o maduración de los órganos sexuales. Ya el fin no es solamente el placer sino, por ejemplo en el caso del hombre, la descarga de sus productos sexuales y dicho instinto está al servicio de la función reproductora.
Tipos libidinales. En psicología profunda existen tres: erótico, obsesivo y narcisista.
El tipo erótico tiene su interés principal concentrado en la vida amorosa. Amar es fundamental pero lo más importante es ser amado.
El tipo obsesivo tiene como característica la predominancia del Superyo, esto hace que más que temer la pérdida del amor, exista en ellos una angustia, y mantienen una tensión entre el Superyo y el yo. Teniendo un grado elevado de autonomía.
El tipo narcisista no tiene predominio de necesidades eróticas, sino que le interesa de sobremanera la autoconser-vación, apareciendo como independientes, y prefieren amar a ser amadas.
Estos tipos lejos de ser puros generan tipos mixtos, tales como obsesivoerótico, narcisista erótico, narcisista obsesivo.
Freud dice, a modo de broma, que se le podrá decir porqué no incluyó un grupo obsesivo narcisista erótico, y él mismo contesta que es evidente que este posible grupo no sería grupo alguno sino la norma absoluta o armonía ideal.

El Hormigatrón, Oleo 1996
Contrë Miro, Holografia Catalunya, España 1997