Obra de Teatro

MAITREYA
De Fernando Estévez Griego

ACTO 6

MAITREYA

Cierta vez, más allá del desierto, del pueblo de Orfalis, de su partida al Oriente, Almustafá “El Profeta” llegó a la tierra de Shambala. No había ahí un tiempo preciso, un lugar determinado, ni un límite exacto entre la realidad y la fantasía. El estaba ahí y en la memoria de los ojos de Almitra, la Vidente. Más allá de los papeles su ser vivía, lleno de eso que no tiene nombre. En un monte ignorado pero repleto de pájaros, y hasta seguro estoy de duendes escondidos, escuchó las palabras de Maitreya, que decía: No son sus hijos los hijos de la vida, es la vida la que se transforma en aquellos que llamamos hijos, es la vida el juego eterno de Dios, que todo nos da y nos quita, y sin embargo no somos más que ese mismo Dios. Al cual llamamos Gran todo.
 
-Nasha, la de grandes ojos se acercó a preguntar: Háblanos del matar para comer.
-Maitreya: Cuando nos alimentamos debemos matar y no obstante, sólo generamos más vida. Varios vegetales o animales deben morir, pero esa muerte no es la muerte de la vida, sino más bien la transformación de ella en otras formas. Todos somos, aunque lo ignoremos, jardineros del universo prestos a trabajar.
- Almustafá preguntó a Maitreya: ¿No eres tú, yo esgrimiendo mis palabras hacia otro horizonte?
-Maitreya: No, soy Dios que se despierta de mil formas y se mira a un mismo instante. Soy Dios sin religiones, sin libros sagrados, sin sectas, sin más poesía que la vida misma. Soy el existir sin fronteras, sin naciones, sin límites. Soy la roca, el viento, la mariposa, tu Kalil Gibrán y mi Swami Maitreyananda. Soy tú, sí, pero libre. Sin letras y papeles. Sin miedo al egoísmo, porque sé que  separa de nada y que, como ego, por supuesto que no existo independientemente de nadie. Soy libre porque no busco la libertad. Pero estoy preso del existir para siempre. Nada tengo, Almustafá, que trascender. Ni siquiera debo buscar a Dios entre todas las cosas. El está en todas partes, El es todas partes. El siempre está en mí y nunca me podría alejar del existir que es su verdadero nombre, ni siquiera por un instante. ¿cómo podría yo - buscar a Dios si nunca lo he perdido? ¿A quién busca Almitra, que mira por tus ojos mi rostro? Acaso buscaba otro profeta o un salvador. Yo no soy un mesías. A nadie, Almustafá, hay que salvar, todos ya son salvos. Nadie es más elegido por Dios que otro. Todos somos a una misma vez inocentes y culpables. ¿De cuál religión quiere que hables tú en Orfalis, a la sombra de los cedros, aquella mujer llamada Almitra cuando te lo ha demandado? Si a nada me nada hay que religarse. Las verdades que creen ver los hombres en sus religiones no hacen más que enfrentar a los fanáticos del espíritu, que quieren hacer de Dios un nombre. Para ungirse con el poder del templo.
- Almustafá: Vuestra vida cotidiana es vuestro templo y vuestra religión.
- Maitreya: Es Dios, Almustafá, ella además es Dios y el Dharma. 
 

ENTREACTO 6

SHIVA

El Hormigatrón, Oleo 1996
Contrë Miro, Holografia Catalunya, España 1997