Libro FREUD Y LA GENÉTICA
de Dr. Herman Bleiweiss

Por Fernando Estevez Griego Ph.

El doctor Herman Bleiweiss estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires, se especializó en psiquiatría y es miembro de la Academia de Ciencias de New York y del American College of Medical Genetics. Su aporte más importante lo ha efectuado como director del Centro de Psiquiatría Genética de Buenos Aires y como director de investigaciones psiquiátricas y del laboratorio de genética humana del Falkirk Hospital de Nueva York. Su experiencia lo ha llevado a escribir este libro convencido de que la genética es hoy en día la ciencia más apasionante que tenga a su alcance el ser humano. En este trabajo Bleiweiss afirma que Freud se adelantó a su tiempo y predijo varias cosas que son aceptadas como verdad en la genética.
Ya Charcot afirmó que la herencia era la única causa de la histeria y los factores etiológicos en realidad desempeñaban un papel de agentes provocateurs o sea, agentes provocadores. Freud estableció que se puede comprender cómo es que el método que él plantea actúa curativamente, pues aplicando el mismo se verifica un importante progreso, pero la histeria no es curada por ser una disposición. Freud es aún más terminante y dice que la neurosis de angustia no permite descubrir un proceso etiológico, lo que determina que existe una grave tara hereditaria. Para Freud existían las neuropatías adquiridas y las hereditarias. Pero parecía importante evaluar el factor psicosomático. El esquema de la etiología de la neurosis de angustia es... Condición herencia, causa específica, un factor sexual que actúa en el sentido de desviar de los psíquico a la tensión sexual.
Causas auxiliares, todas las influencias nocivas recibidas de la emoción, agotamiento, estrés, etcétera. Pero la disposición hereditaria es la condición más importante de la neurosis de angustia.
En el capítulo IX de “Vida sexual y neurosis”, Freud dice que en la psiconeurosis es determinante la influencia hereditaria y no tan clara la causación. Freud plantea un tema interesante y es que el psicoanálisis puede seguir una ruta hacia la investigación orgánica.
Así, se pregunta si la represión de los instintos sexuales parciales sólo impuestos por los factores de la vida son la única fuente de represión o, por el contrario, preexisten circunstancias constitucionales que lleven a los órganos a exagerar su papel erógeno y que por tal motivo provoquen la represión de los instintos. Para Freud nuestras disposiciones son inhibiciones de la evolución de las neurosis obsesivas, por ejemplo. Los instintos, y no los estímulos externos, son los factores o motores reales del progreso que establecido el desarrollo del sistema nervioso. Para conseguir sus fines, Freud dice que el hecho de que el instinto nazca de fuentes somáticas no significa que lo conozcamos en ese plano existencial sino que por el contrario se nos revela en la vida anímica por sus fines.
Incluso se puede hablar de una herencia arcaica pasada de generación a generación. En tal sentido Freud tomó de Breuler el concepto de ambivalencia, con respecto a sentimientos contrarios dirigidos a un objeto, por ejemplo amor y odio. Y aunque la ambivalencia es un síntoma de la esquizofrenia, también podemos hablar de ambivalencia normal. El instinto de contemplación es para Freud autoerótico en su primera fase, teniendo como objeto el mismo cuerpo. Y sólo con el transcurso del tiempo cambia el individuo este objeto por otro análogo y ajeno.
Cuando hablamos de instinto no nos referimos al concepto de pulsión. El instinto es un esquema de comportamiento heredado, propio de una especia animal, que varía poco uno u otro individuo, y se desarrolla según una secuencia temporal poco proclive al cambio y que responde a la finalidad hacia la cual se dirige. Desde la contemplación hacia el narcisismo. Los instintos autoeróticos son primordiales en el narcisismo, pero para conformar el narcisismo debe haber otro acto mental. Para esto es preciso comprender que un individuo tiene una doble existencia que va contra su voluntad (Esto significa contra sus instintos de poder).
Es evidente que el individuo coloca todas sus funciones al servicio de la reproducción a cambio de un poco de placer. Pero, ¿cómo se puede explicar la ligazón entre el instinto y la obsesión de repetición? Un instinto sería una tendencia propia de lo orgánico vivo a la reconstrucción de un estado anterior, que lo animado tuvo que abandonar por fuerzas exteriores. Cuando Freud se percata de que un individuo integrado en un grupo reacciona diferente del individuo aislado, nos da las pautas de lo que estudiamos en psicología moderna, respecto de que no sólo la vida orgánica sino la inteligencia, desempeñan en los fenómenos inconscientes un papel importante.
Nuestros actos conscientes se evidencia y son originarios del substratrum inconsciente, que está formado en su mayor parte por las influencias hereditarias. Con sus inagotables residuos ancestrales, que son el inconsciente arcaico de la especie. Trotter, citado por Freud, dice que los fenómenos psíquicos de las multitudes son producto de instinto gregario, innato en las especies humanas, que biológicamente cumple la función de una extensión policelular, por la cual un organismo se halla unido de alguna forma, o está en contacto con los demás de su especie.
Lo que sería desde la concepción de la libido, una nueva tendencia para que los seres humanos semejantes se integren en unidades más amplias como las grandes ciudades. En cierta manera el individuo se siente incompleto cuando está solo. Analizando el Yo y el Ello podemos descubrir que la percepción es al Yo lo que el instinto al Ello. El yo representa la razón y el Ello las pasiones. Freud afirma que los dos principios de la vida psíquica son el principio de la realidad y el de placer.
Pero en Tótem y Tabú afirma una genialidad, desde el punto de vista genético: la naturaleza social de la neurosis se deriva de la tendencia original de huir de la realidad, que no nos ofrece satisfacciones (placer), para refugiarse en un mundi imaginario lleno de promesas. El neurótico se escapa del mundo real, no compartiendo las instituciones creadas por la sociedad y el trabajo colectivo y negando así la realidad. Si los procesos psíquicos de una generación de seres humanos no siguieran desarrollándose con la siguiente; cada generación debería recomenzar su aprendizaje de vida.
Existe entonces una continuidad psíquica dentro de este proceso existencial. En su trabajo de los actos obsesivos y las prácticas religiosas, Freud dice que la renuncia a los instintos constitucionales que en actividad dotarían al Yo de un placer primario es el fundamento del desarrollo de la civilización (a causa de la voluntad de poder). La represión es aportada por las religiones, haciendo que el ser humano sacrifique a los dioses el placer de sus propios instintos. Este sacrificio sólo potencia la voluntad de poder. Freud termina afirmando que existe un programa (como el de una computadora), que es regido por el principio de placer.

El Hormigatrón, Oleo 1996
Contrë Miro, Holografia Catalunya, España 1997