Libro ESQUEMA DEL PSICOANÁLISIS
de Sigmund Freud

Por Fernando Estévez Griego Ph. D.

El psicoanálisis nació en el siglo XX con la aparición de la obra de Freud sobre la interpretación de los sueños en 1900 y que quería, en un principio, comprender la naturaleza de las enfermedades llamadas funcionales para vencer lo que su autor consideró como impotencia médica en su tratamiento. Podemos entonces definir al psicoanálisis como un método para investigar los procesos anímicos y a la vez un método terapéutico de perturbaciones neuróticas basado en la investigación a la cual hacíamos referencia anteriormente. También podríamos definir el psicoanálisis como un conjunto de conocimientos psicológicos, adquiridos por esta investigación que ha constituido una disciplina científica.
Los pilares o bases fundamentales de la teoría psicoanalítica son: La hipótesis de la existencia de procesos psíquicos inconscientes, el reconocimiento de las teorías de las resistencias y represiones, la valoración de la sexualidad y del complejo de Edipo. Quien no esté de acuerdo con estos fundamentos, para Freud no puede contarse entre los psicoanalíticos. Freud establece en su esquema del psicoanálisis un principio de la Antítesis de instintos sexuales e instintos de yo. Esta tesis es su punto de partida para lo que él considera como un referente válido pues, a su entender, antes de la teoría psicoanalítica en psicología reinaba la total arbitrariedad respecto de este tema, pues cada psicólogo admitía tantos instintos como quería y además lo que su entender quería.
Teniendo en cuenta que los primeros estudios del psicoanálisis fueron las neurosis de transferencia, tales como la histeria y la neurosis obsesiva, los síntomas de éstas surgían como consecuencia de los impulsos sexuales que habían sido reprimidos por el yo (personalidad). El inconsciente entonces expresa indirectamente este fenómeno. La libido es la manifestación del amor, así como lo es el hambre del instinto de conservación. Lo que me parece sumamente importante de este trabajo de Freud es su afirmación de que el instinto sexual se podía descomponer en instintos parciales, y que cada instinto parcial se encuentra inmutablemente caracterizado por su fuerte, o sea, por aquella región del soma de donde extraía el mismo su estímulo.
Este concepto es la base misma de la Psicología Somática que parte desde Freud y su análisis psíquico hacia el análisis interrelacionado e interdependiente del soma. Freud plantea que puede distinguirse claramente que existe un objeto y un fin, el fin es siempre la satisfacción o descarga, pero si esto no acontecía podía evidenciarse una sublimación en la cual se sustituye el objeto, de tal manera que incluso un instinto sexual encuentra su satisfacción en un instinto no sexual.
El aparato psíquico: el psicoanálisis parte de un supuesto básico que es la vida mental, de la cual conocemos su órgano somático y teatro de acción que es el encéfalo o sistema nervioso y por otro lado nuestros actos de conciencia. Las nociones que Freud plantea sobre el aparato psíquico son las siguientes: denomina a la más antigua de las funciones mentales, Ello, a la que le otorga la facultad de contener lo heredado, lo innato, lo constitucionalmente establecido, los instintos originarios de la vida somática que alcanzan al Ello y que en aquel entonces Freud desconocía.
Bajo la influencia del mundo exterior y gracias a los órganos preceptores que reciben los estímulos del mundo, se genera en nuestra vida psíquica el Yo que obra como mediador entre el Ello y el mundo exterior. Así, el Yo gobierna la motilidad voluntaria como consecuencia de la relación existente entre la percepción sensorial y la actividad muscular. El Yo se percata de los estímulos y los acumula en la memoria aprendiendo a modificar el mundo exterior adecuándolo, cuando puede, a su propia conveniencia. (Este modificar el mundo exterior a su conveniencia no es otra cosa que el Deseo de Poder que alberga todo ser humano). Hacia el interior el Yo decide cuando tendrán lugar o no las satisfacciones de los ins-tintos, aplazando las mismas hasta que la oportunidad sea propicia en el mundo exterior.
El Yo sin embargo persigue el placer y trata de eludir el displacer. Cuando el displacer aumenta y el Yo capta este peligro inmediatamente genera angustia. El Yo se desconecta del mundo exterior cuando duerme. Cuando el ser humano vive en dependencia de sus padres o substítulos, el Yo está formando y esa influencia parental recibe el nombre de Superyo. El Super-yo sustituye posteriormente la figura de los padres por la de los educadores o ídolos, de esta forma el Superyo es lo recibido moralmente de los demás, mientras que el Yo es lo actual. Freud afirma un hecho comprobable tal vez en el delfín, que es que esta estructura psíquica puede ser aplicable a los animales superiores.
Otro punto de vital importancia en estos escritos es la definición clara de que el Ello tiene como propósito de vida satisfacer sus necesidades innatas. De esta forma se define a los instintos como las fuerzas que actúan tras las tensiones provocadas por las necesidades del Ello. Asimismo, los instintos pueden trocar su fin por desplazamiento y sustituirse en orden de importancia pasando la energía de unos a otros.
Desarrollo de la función sexual: Freud establece que la vida sexual no es tan sólo el impulso de poner en contacto los órganos genitales propios con los de otro individuo del sexo opuesto, acompañando este acto, del beso, caricia y otros actos similares, pues es evidente en el análisis freudiano que existen: 1) seres que son atraídos por personas del mismo sexo (homosexualidad), así como 2) personas cuyos deseos parecen ser sexuales pero descartan la utilización normal de los órganos sexuales llamados técnicamente “perversos”, así como 3) existen niños a los cuales se les ha apodado degenerados que a temprana edad manifiestan excitación por sus órganos sexuales.
Así, Freud arriba a comprobaciones fundamentales:
1) Que la vida sexual comienza poco tiempo después del nacimiento.
2) Separación del concepto sexual del de genital, siendo lo sexual un concepto más amplio que no necesariamente tiene relación directa con los órganos sexuales.
3) La vida sexual entonces se transforma en la función de obtener placer en zonas del cuerpo. La boca es a partir del nacimiento el primer órgano erógeno, seguido de una etapa sádicoanal, hasta desembocar en la fase fálica. Freud asimismo plantea que la humanidad ha sido herida en su amor propio por el avance científico. Menciona que una vez descubierto que la Tierra no es el epicentro del Universo, la ilusión narcisista general se ha desvanecido. Pero en su evolución cultural el ser humano, haciendo las veces de soberano de todos los seres de la Tierra, generó además un abismo entre él y ellos, negándole toda razón además de dotarse a sí mismo de un alma inmortal proveniente de su supuesto origen divino.
Pero Freud afirma además que el hombre, gracias a Darwin, no es nada distinto del animal n algo mejor que él y que, a esto, él lo llama la ofensa biológica, a la que le sigue la ofensa psicológica. Luego dedica en estos escritos su pluma, a la posibilidad del análisis profano, o sea a la posibilidad de un no médico se convierta en psicoanalista. Así analiza la creación de una cátedra de psicoanálisis en las Universidades donde afirma que antes de exponer el psicoanálisis debería realizarse un curso introductorio a las relaciones de la vida psíquica y la somática, que es el fundamento de cualquier tratamiento psíquico (psicoterapia), pues el psicoanálisis es, para cualquier estudiante, lo más apropiado para transmitir un conocimiento coherente de la Psicología.
Asimismo, Freud ve en el psicoanálisis un sistema que permite preparar el estudio de la Psiquiatría. Dotando al estudiante de una serie de cuadros clínicos que le permiten distinguir entre cuadros incurables, curables o aquellos que revisten cierta peligrosidad social. Freud dice que un analista profano no hallará dificultad en conquistar la consideración de un guía espiritual secular. Su propuesta es recibida en ciertos círculos posteriormente con beneplácito.

El Hormigatrón, Oleo 1996
Contrë Miro, Holografia Catalunya, España 1997