Obra de Teatro

MAITREYA
De Fernando Estévez Griego

ACTO 2

En el Templo de Ajashí

Cerca del agua, los pies se hundían en la humedad ténue de la arena caliente y fina, donde jugaban las olas a traerla y llevarla, para hacer rodar las cara-colas cerca de la ciudad de Jadalí. Maitreya llevaba esos pasos hacia los de Almustafá el Profeta, para encontrarse en la Puerta del Templo de Ajashí. Una vez en él, los dos a un mismo tiempo entraron, cruzando la gran puerta para hablar y dejar el libro de la Gran Verdad. Decenas de cientos de monjes poblaban las márgenes del templo, sus murallas y laberintos. Ansiosos de las respuestas y del libro que ese día se iban a revelar. Ya en el templo, ya entre todos, el sumo sacerdote Saulo habló:
Saulo: Oh, monjes aquí reunidos, este día lleno de gloria nos ha tocado en suerte. He aquí a Almustafá el Profeta, quien nos hará escuchar sus máximas, y Maitreya el Boddhisattva, quien nos entregará el gran libro de la verdad para poder leerlo luego de decenas de años de búsqueda espiritual. Ahora aquí reunidos quiero preguntarles: ¿por la moral y normas a seguir, para que todos los aquí presentes trasciendan lo mundano para entrar a la gloria celestial y adorando al verdadero Dios, poder acceder a la vida eterna?
Almustafá respondió: Quien usa su moral como su mejor vestido, mejor estaría si estuviera desnudo, y quien define su conducta con normas, enjaula a su pájaro cantor.
Maitreya: Y ese pájaro cantor es vuestro espíritu deseoso de florecer en la libertad de su vuelo.
Almustafá: El canto más libre no viene de las rejas ni del interior de las jaulas.
Maitreya: El se escucha entre los montes, entre los ríos, entre la gente que a veces olvidáis en vano. No uséis este monasterio como una jaula que aprisiona vuestros deseos porque no podréis jamás saber cómo vive el gorrión en libertad y no hay culto que por más adoraciones que haga gane con ello el cielo..
Almustafá: Aquel para quien la adoración es una ventaja tanto para abrir como para cerrar, no conoce todavía la morada del espíritu, cuyas ventanas abiertas permanecen de aurora a aurora.
Maitreya: Queréis abrir el corazón de vuestro Dios con adulaciones, a cambio de la vida eterna, y sólo obráis como mercaderes del espíritu ¡oh monjes!, que temen a Dios por un posible castigo y que siguen la ruta de la jaula por miedo. Mientras que sólo el amor os hará libres de verdad. Cerráis vuestros deseos y con ellos la vida que hay en vosotros siendo muertos en vida. Y a eso llamáis religión y a esta jaula templo.
Almustafá: Vuestra vida cotidiana es vuestro templo y vuestra religión.
Maitreya: Se os dio la necesidad de comer y la llamáis hambre, y muchos de vosotros, por miedo a trabajar no queréis comer, y encontráis la comida mundana. Se os dio la necesidad de hacer el amor a las mujeres, mas por miedo al fracaso o bien porque no las queréis íntimamente negáis lo que heredasteis de vuestros ancestros. Se os dio la voluntad de Poder para poder hacer vuestras fantasías realidades y así hacer vuestras obras, mas hay entre vosotros quienes no pueden obrar y juzgáis el Poder como perverso y malvado. Mas de verdad os digo, y tenedlo presente, que todos estos deseos dejáis de lado por uno mayor, y este es la gloria, que es el deseo del espíritu y por el cual el hombre se quiere elevar frente al hombre y enseñorearse frente a sus hermanos y demás seres vivos. Y por la gloria y por la vida eterna dejáis los otros deseos de lado, juzgando a los demás como mundanos pero sólo habéis dejado este mundo sin comprenderlo, y no comprendéis que él lo es todo.
Almustafá: Si conocierais a Dios no tendríais enigmas que descifrar.
Maitreya: Porque sólo lo adoráis más que por lo que conocéis de él, por el miedo secreto a lo desconocido que está en él después de la muerte que hay en vosotros, pero eso que llamáis Dios está ahí frente a vuestros ojos.
Almustafá: Mirad vuestro entorno y le veréis jugando con vuestros hijos. Le veréis sonriendo en las flores y levantándose luego para agitar sus manos en los árboles.
"Maitreya tomó el Gran Libro de la Ver-dad , llamado el Dharma, y se lo entregó a Saulo; en ese momento caminó, para seguir sus pasos junto a Almustafá por la tierra de Imanó y mientras ambos se iban de sus días, en el templo Ajashí, Saulo reunió solemne a los monjes ahí congregados y abriendo el libro De la Gran Verdad , sólo encontró un espejo, en el cual aparecía su propia cara. Varios monjes dejaron sus túnicas y comenzaron a danzar la danza de la vida, siendo uno más entre las gentes."


ENTREACTO 2

DANZA

El Hormigatrón, Oleo 1996
Contrë Miro, Holografia Catalunya, España 1997